Temo...

Temo…

Temo, algún día, ver en tus ojos mi reflejo,
a este otro que creímos sepultado por el tiempo,
debajo de aquel primer beso, tierno y descuidado,
con el cual curamos nuestras mutuas soledades…

Temo ver que mi rostro no ha cambiado,
que es la misma mi sonrisa,
sonrisa frágil que se curva con el viento,
mientras me miras fijamente sin mirarme,
intentando comprender lo que yo mismo
no comprendo…

                                             Pero, sobre todo,
temo que al fin me veas como yo me veo,
(un niño ciego, sordo y asustado)
y, aun así, me quieras como yo te quiero…

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