Cataclismo
A ti, mi casa, mi Utopía...
"Nunca me había sentido tan aplastada por el mundo como
hasta el día en que la niebla y el cielo tuvieron el mismo color..."
La niebla cae sobre el mundo de gris plomo y árboles congelados. El frío nos estatifica, nos condensa, calma las cosas; incluso el viento se detiene ante la imagen de los enamorados que se abrazan en silencio, como estatuas en medio de un jardín.
Sobre el pasto sueña el movimiento, todo se ha detenido y, sin embargo, todo pasa: los gorriones gorjean sin sonido, hablamos sin oírnos, vemos sin percibir.
El frío nos pasma, no nos deja sentir...
Los ojos se han vuelto cristales de anteojos empañados que no ven, solo están ahí, inertes, ante el paisaje sucio y frío.
El frío detiene los pensamiento y la sensibilidad; en este estado el Alma es como una gelatina a medio cuajar oscilando dentro.
Estamos aquí, así, como otro objeto inanimado que forma parte del paisaje; el vaho se petrifica en nuestros labios al igual que el deseo, casi del mismo modo en que el calor interno se detiene antes de llegar a nuestra piel.
Una paloma perdió su ala al intentar volar, los cuerpos se desmembran, se mutilan para poder ser capaces de una mínima y efímera sensación.
La niebla sigue avanzando, cada vez más...
Llegará a perforar nuestros huesos, a petrificarnos como una Medusa con ojos en el viento.
¡Ya está aquí!, el vaho se vuelve cenizas a su contacto, todo se solidifica y estalla en cuestión de segundos...
El viento se detuvo ante mi cara..., la neblina y el frío envuelven mi mente como un aroma letal, como una toxina, lentamente ha empezado a matarme..., me desplazo solo un poco hacia lo que parece ser la nada, intento alcanzarla, casi la toco, casi..., casi...
Y mi mente se vuelve piedra..., como una espuma se diluye, se congela y se parte... para siempre...
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